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Ciberacoso durante la pandemia del Coronavirus:

Ciberacoso durante la pandemia del Coronavirus:

Desafíos y oportunidades ante una problemática global acrecentada por prejuicios y sesgos culturales

Autores: Carlos Zalaquett & Julio Gómez-Henao

Dadas las medidas de distanciamiento físico tomadas por numerosos gobiernos para disminuir la propagación del COVID-19 y a las consecuencias sociales, emocionales, físicas y psicológicas de la pandemia, el abordaje del ciberacoso ha demandado nuevos retos y desafíos, lo cual incluye el incrementado de sus niveles de prevalencia y de prejuicios culturales que intensifican su perpetración; no obstante, de manera simultánea ha sido posible percibir valiosas oportunidades y aprendizajes que no solo favorecen una mayor comprensión de esta problemática en su magnitud global, sino que pueden conducir a intervenciones con un mayor grado de efectividad. 

Uno de los principales retos actuales en relación al ciberacoso es el aumento de su prevalencia derivado de la pandemia del Coronavirus, lo cual que da cuenta de la persistencia e incremento de esta práctica. Al respecto, Das et al. (2020) identificaron un aumento significativo en el contenido abusivo de Twitter generado durante las restricciones de permanencia en casa; Barlett et al. (2021) hallaron aumentos considerables en actitudes y en perpetración de acoso cibernético; la Fundación Blue Tree (2021) encontró cómo en el 2019 el ciberacoso representó un 5.3% de todos los casos de acoso escolar de los(as) encuestados(as), mientras que en el 2020 representó un 16,3%, lo cual da cuenta de un incremento significativo en los casos de ciberacoso frente a los otros tipos de acoso; y con relación a América Latina y España, la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras (2021) halló que el 33 % de los(as) niños(as) y los(as) adolescentes escolares fueron víctimas de ciberbullying durante la cuarentena de 2020. 

El desafío se acrecienta cuando las altas cifras de prevalencia se presentan a nivel mundial, lo cual evidencia la magnitud de esta problemática. La investigación actual revela que el acoso y el ciberacoso ocurre en todos los países del mundo, y aunque se observan diferentes porcentajes entre los países sigue siendo un evento significativo en cada uno de ellos (Zalaquett, 2020). En este sentido, un gran número de adolescentes sufren este tipo de violencia alrededor del mundo, afectando a personas de todo nivel social y económico. Con relación a esto, la actual ubicuidad de medios para acosar cibernéticamente implica un desafío para su abordaje, debido a que esta es una práctica a la que se puede sumar cualquier adolescente que tenga un mínimo conocimiento o habilidades tecnológicas, independiente de su situación socioeconómica; es decir, la disposición de medios para acosar cibernéticamente y el mínimo conocimiento para usarlos hace que cualquier joven pueda transformarse en un(a) acosador(a) cibernético(a), con las consecuencias sociales, emocionales, físicas y psicológicas que esto puede traer tanto para las cibervíctimas como para los(as) ciberacosadores(as) y espectadores(as), las cuales van desde la depresión y el bajo rendimiento académico, hasta el extremo del suicidio (Boonchooduang et al., 2019; Cummings, 2017; Field, 2018; Zalaquett, 2020; Zalaquett & Chatters, 2014).

Otro desafío actual para el abordaje del ciberacoso consistente en que los participantes de este se categorizan en más de dos grupos, lo cual logra superar la distinción tradicional entre ciberacosador(a) y cibervictíma, e incluye roles como ciberacosador(a)/cibervíctima y a los(as) espectadores(as) (bystanders), quienes a su vez pueden permanecer indiferentes, pueden reforzar el ciberbullying apoyando a el(la) acosador(a), pueden participar en el acoso o pueden defender al blanco del ciberbullying. Estos elementos dan cuenta de lo difícil que es lograr un perfil específico y global de los(as) participantes en el ciberbullying (Zalaquett, 2020), a la vez que es una oportunidad para trascender la comprensión de esta problemática debido a la multiplicidad de agentes que influyen en su existencia. 

Otro de los desafíos que afronta el abordaje del ciberacoso en la actualidad consistente en que uno de los factores que puede conducir a los(as) victimarios(as) a cometer ciberacoso es que algunos(as) de ellos(as) no saben que sus comportamientos pueden ser catalogados como ciberacoso ya que los consideran como graciosos (Alsawalqa, 2021), sumado al incremento de la participación de espacios virtuales en donde se favorece el anonimato (Englander, 2021). Al respecto Kim y Choi (2021) encontraron que, elementos como el anonimato cibernético y la poca gravedad percibida en el ciberacoso contribuyen en su perpetración. De manera similar, Kahn et al. (2013) hallaron que el anonimato en línea y la libertad de expresión que esto favorece contribuyen a la existencia y aumento del racismo cibernético, debido a que las personas acosan sin temor a ser responsabilizadas.

Finalmente, se considera que uno de los principales retos que afronta actualmente el abordaje del ciberacoso es el incremento de prejuicios culturales, lo cual ha permitido profundizar en la estrecha relación identificada por Zalaquett y Chatters (2014) entre ciberacoso y los sesgos de quienes lo perpetúan. Estos autores hallaron que los factores multiculturales tienen un rol prominente en el acoso, lo cual denominaron acoso basado en prejuicios o acoso perjudicial. De acuerdo con Zalaquett (2020) uno de los grandes retos es que aún se sabe poco acerca del ciberbullying basado en prejuicios; no obstante, hay evidencia creciente de que distintos grupos, como lo son las minorías étnicas, la comunidad LGBTIQ y las personas con discapacidades, tienen más riesgo de ser víctimas de ciberbullying, lo cual implica que las investigaciones y las intervenciones cada vez deben involucrar como eje central el rol de los prejuicios culturales en el ciberacoso. 

Con relación a esto, Englander (2021) y Kennedy, citado por French (2021), encontraron que las mujeres y los colectivos LGBTIQ eran más vulnerables al ciberacoso. Asimismo, Villegas et al. (2021) hallaron que tener la piel amarilla y ser bisexual aumenta el riesgo de ciberacoso. Por otra parte, Jain et al. (2020) encontraron que factores como el estatus LGBTIQ se volvieron más importantes para predecir la participación en el acoso cibernético que algunos factores prepandémicos como lo era el tiempo que las personas pasaban en línea. Por otra parte, teniendo como precedente el crecimiento global de actos de sinofobia, xenofobia, segregación, brutalidad e intolerancia contra las personas de ascendencia y apariencia de Asia Oriental y del sudeste asiático por el comienzo de la pandemia del COVID-19 en la ciudad de Wuhan, Hubei, Alsawalqa (2021) encontró que los(as) participantes presentaban una baja autoestima al sentirse culpados(as), acusados(as) y menospreciados(as) debido al racismo cibernético. 

Además de esto, Gómez (2021) comenta que la pandemia intensificó la violencia de género en línea. Con relación a esto, los hallazgos del estudio de Alsawalqa (2021) muestran cómo los hombres tenían más probabilidades de ser acosadores cibernéticos que las mujeres; Rakic et al. (2021) encontraron que ser víctima de ciberacoso fue más prevalente entre las niñas que entre los niños en edad escolar; la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra la Mujer, sus Causas y Consecuencias (2018) plantea que, a mayor acceso a internet por parte de las mujeres, mayor es el registro de ciberacoso; y la United Nations Entity for Gender Equality and the Empowerment of Women (2020) y la Association for Progressive Communications (2020) han comprobado que, ante el incremento de la participación de las mujeres en el ciberespacio debido a la pandemia del COVID-19, estas están sufriendo altos grados de ciberacoso, ciberhostigamiento, distribución no consensuada de imágenes íntimas y sexuales, doxxing, violencia sexual, recepción de imágenes y videos sexuales sin consentimiento y amenazas de violencia sexual. 

Estos desafíos se presentan como oportunidades para comprender de una mejor manera el ciberacoso y para identificar la importancia de implementar estrategias de intervención que reconozcan la magnitud global de este problema, a la vez que identifiquen la importancia de involucrar la prevención y reducción de la discriminación y los prejuicios culturales (Chatters & Zalaquett, 2018). De esta forma, un enfoque que involucre las características ambientales puede ser un elemento necesario para mejorar el bienestar de los(as) adolescentes y la efectividad de las intervenciones. Con relación a esto, Zalaquett (2020) propone incluir una visión bioecológica del desarrollo humano, tal como la propuesta por Bronfenbrenner y Morris (2006), para comprender que en el ciberacoso existen múltiples sistemas ecológicos que influyen y moldean las conductas de los(as) diferentes participantes que se encuentran inmersos(as); como consecuencia, a la hora de investigar, intervenir y entender el comportamiento de las personas en el ciberacoso, es necesario la implementación de programas comprensivos y estratificados, que incluyan varios niveles de atención y que se centre en estudiantes, profesores, otro personal, otros adultos, la escuela y la comunidad; es decir, que tengan presente la influencia de competencias intrapsíquicas, por ejemplo afectos o pensamientos, las variables interpersonales, lo cual puede involucrar familiares, pares, etc., y variables extra-personales, lo cual incluye el ámbito social y cultural. 

Por otra parte, a pesar de que Gaffney et al. (2019) concluyen que los programas revisados en su estudio son efectivos debido a que reducen la perpetración del ciberacoso en un 20% y la victimización por ciberacoso en un 15%, la integración de la prevención de la discriminación, de sesgos y de prejuicios con la prevención del ciberacoso puede conducir a una mayor consistencia en las cifras de reducción, a la vez que en una mayor efectividad. Intervenciones que involucran la integración entre ciberacoso y prejuicios han empezado a mostrar resultados efectivos como los reportados por Chatters y Zalaquett (2018) y Chatters (Comunicación personal, 2021), quienes al aplicar su modelo denominado Bullying Among Diverse Populations (BADP) identificaron cambios positivos y significativos en las conductas de acoso y racistas en estudiantes de secundaria. Otra de las oportunidades identificadas para la intervención son los hallazgos de estudios recientes acerca de las redes de apoyo como factor protector del ciberacoso (Tintori et al., 2021; Han et al., 2021; Zalaquett, 2020). 

Ante este panorama, adquirir una mayor comprensión de esta problemática en su escala global y en su estrecha relación con los prejuicios culturales, se presenta como una oportunidad para que los Departamentos de Educación y los Ministerios de Educación de cada país establezcan legislación que promueva y apoye la aplicación, estudio y actualización de los programas de intervención. Asimismo, existe la oportunidad de poder continuar profundizando en los estudios acerca de la relación entre ciberacoso y prejuicios, debido a que la experiencia colectiva y actual de la pandemia de COVID-19 ofrece información sobre los riesgos de gran alcance del ciberacoso a los que están expuestos los(as) niños(as), los(as) jóvenes y los(as) adultos(as) en tiempos de crisis; sumado a investigaciones acerca de las intervenciones debido a la necesidad de establecer soluciones basadas en evidencia. Finalmente, dada la magnitud global de esta problemática, al incremento de niveles de prevalencia en tiempo de pandemia y a las consecuencias que tiene en la salud mental, se considera oportuno que los(as) profesionales en el ámbito clínico y educativo indaguen por este aspecto en las consultas y asesorías, debido a que los síntomas percibidos en ocasiones pueden tener una estrecha relación con la vivencia de ciberacoso. 

Para concluir, debido a los altos niveles de prevalencia de ciberacoso en numerosos países, este es un creciente problema de salud pública mundial con un alto impacto negativo en la salud física y mental de niños(as), adolescentes y adultos(as). Uno de los grandes aprendizajes que brinda la pandemia para la comprensión y abordaje del ciberacoso consiste en que, esta problemática se ve agravada no solo por el mayor nivel de participación de las personas en el ciberespacio, sino también por el incremento de prejucios culturales, sesgos, discriminación, racismo, xenofobia, violencia de género, segregación e intolerancia. Estos elementos son un desafío a corto, mediano y largo plazo debido a que pueden permanecer mucho después de la desaparición de la pandemia. Como consecuencia, se requiere un aumento de investigaciones y programas de intervención y prevención comprensivos y estratificados, con un enfoque bioecológico,que atiendan a esta problemática en sus múltiples niveles, que reconozcan a la diversidad de agentes que participan en esta práctica, que involucren la relación entre ciberacoso y prejucios, que reconozcan el impacto de variables culturales de cada país en esta práctica, y que no solo busquen disminuir el ciberacoso, sino que también promuevan la tolerancia y la aceptación de las diferencias étnicas y culturales entre las personas. De esta forma, incluir como eje central de los programas para la disminución del ciberacoso los prejuicios que tienen las personas en sus ecosistemas puede implicar un mayor grado de efectividad en las intervenciones ante una problemática de magnitud global. 

Referencias

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